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Responsabilidad Social de las empresas y desperdicio de alimentos

20/11/2015

Responsabilidad Social de las empresas y desperdicio de alimentos

Aunque a priori parezca que la Responsabilidad Social Empresarial y el desperdicio de alimentos son dos conceptos difíciles de encajar, la realidad que este informe nos va a mostrar dice todo lo contrario.
La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un concepto que ha ido abriéndose paso en nuestra sociedad y que, afortunadamente, muchas personas conocen y exigen de las empresas. La acción de éstas en los campos que su responsabilidad alcanza –social, medioambiental, laboral y de respeto a los derechos humanos- son las bases sobre las que se sustenta su relación con sus grupos de interés y con el medio en el que desempeñan su actividad económica. Esta acción está ya influyendo, de forma constante y creciente, en su posicionamiento en el mercado, siendo ya capaz de marcar tendencias e influir en el mismo.
Pero no solamente las prácticas de las empresas influyen en la transformación de las relaciones económicas. Los consumidores, ejerciendo libremente nuestras elecciones de consumo de forma responsable, completamos ese “círculo” que genera el cambio económico y, por tanto, la mejora de las condiciones de vida de las personas y los pueblos, en armonía con los límites de nuestro planeta.
Como vamos a descubrir en estas páginas, el desperdicio de alimentos es, a la vez, una realidad y un problema acuciante, especialmente para millones de personas que padecen hambre. La FAO señala que es fundamental la participación de todos los eslabones de la cadena alimentaria para garantizar una gestión responsable de los alimentos y de los recursos empleados para su producción y así evitar el actual desperdicio.
El desperdicio de alimentos es el claro indicador de prácticas insostenibles desarrolladas y afianzadas en el mercado global: acaparamiento de tierras, exceso de emisiones de CO2 derivadas de la producción y distribución, consumo de agua desmesurado, empleo excesivo de combustibles fósiles, destrucción de la biodiversidad, generación de residuos, etc. Sus efectos conllevan, además, la incongruencia del reparto poco equitativo de los recursos, que sume en la pobreza a una parte de la población mundial, mientras que otra lucha para combatir los resultados de los excesos alimentarios y/o de la mala calidad de los alimentos a los que tienen acceso.
Todos los actores implicados –productores, distribuidores y consumidores- tenemos en nuestras manos avanzar en la solución de este gran problema. Al uso respetuoso y responsable de los recursos en la producción y distribución de alimentos se tiene que unir un cambio en la forma de consumir que garantice el fin para el que tiene que ser producida la comida: alimentarnos.
Las prácticas responsables junto al consumo informado y consciente han de componer el escenario futuro para el cambio de modelo agroalimentario, que deberá ser sostenible y capaz de alimentar a toda la población mundial.