El Decálogo MPAC 2026: Los retos de la industria agroalimentaria en su compromiso con los consumidores
Desde hace más de diez años, desde la MPAC hemos analizado la evolución y tendencias de los consumidores en los diferentes entornos y situaciones relativas a la alimentación. De nuestros análisis hemos creado un Decálogo de retos al que se enfrenta la industria agroalimentaria en su compromiso con los consumidores:
1. La percepción de vulnerabilidad contrasta con la realidad: el ciudadano no termina de percibirla, aunque está presente por diversos factores
A lo largo de los años se ha mantenido una percepción por parte de los consumidores de no vulnerabilidad, aunque con ligeras variaciones según el contexto económico y social. La vulnerabilidad percibida por motivos económicos continúa siendo una de las principales razones, si bien su relevancia ha tendido a estabilizarse en los últimos periodos, mientras que el desconocimiento de las nuevas tecnologías se consolida como una causa creciente de vulnerabilidad, reflejando la importancia de la brecha digital en el consumo actual.
Y por ello, la necesidad de hacer llegar a la población en toda su amplitud el concepto de consumidor vulnerable a la vez que generar herramientas para reducir las causas que motivan los diferentes tipos de ella.
2. El consumidor actual es más consciente, sensible al precio y abierto a cambiar sus hábitos de compra, donde la salud es la motivación creciente a la hora de llenar nuestra cesta de la compra
La búsqueda de ofertas y promociones se ha consolidado como uno de los comportamientos más habituales, reflejando una mayor sensibilidad al precio. Aunque una parte de la población afirma no haber modificado sus hábitos, se aprecia una ligera disminución de este grupo, lo que sugiere una mayor disposición al cambio. En conjunto, los resultados apuntan a una evolución hacia un consumidor más consciente, planificador y selectivo, que ajusta sus decisiones de compra a un contexto económico y social cambiante.
Debemos aprovechar la inercia de la preocupación creciente en relación con la alimentación y la salud para consensuar, con todos los agentes de la cadena, aquellos elementos que puedan limitar esta tendencia.
3. Las compras presenciales siguen dominando ampliamente entre la población española cuando hablamos de alimentación y gran consumo, aunque lo digital gana terreno poco a poco preferentemente entre los más jóvenes
Los consumidores siguen prefiriendo acudir físicamente al establecimiento, especialmente caminando, pero con una ligera tendencia a la baja de manera más reciente, frente al uso del vehículo particular, que se mantiene estable. Las compras en línea han crecido con fuerza en los últimos años, aunque sin llegar a desplazar a las formas tradicionales de compra. En contraste, las compras por teléfono y el uso del transporte público para acudir al establecimiento continúan siendo opciones minoritarias y con poca variación.
4. Los supermercados siguen liderando, con lo local y lo digital ganando su espacio
Los supermercados se consolidan como el principal lugar de compra, mientras que las tiendas especializadas y los hipermercados mantienen su presencia con ligeras variaciones; los mercados municipales y las tiendas online siguen siendo opciones minoritarias. Cercanía, precio, …son algunas de las principales motivaciones que nos hacen decidirnos por uno u otro formato de compra.
Debemos apoyar todas los formatos de compra para que el consumidor disponga del mayor número de opciones y elija la que se adapte a su perfil.
5. Precio, el factor dinámico de la búsqueda de valor
El éxito depende de la capacidad de los establecimientos para fusionar la comodidad de la proximidad con una propuesta de valor agresiva.
El establecimiento ideal es aquel que está cerca, pero que, además, ofrece los precios más competitivos.
Debemos seguir potenciando la transparencia en la fijación de precios y mantener la competencia existente en el sector.
6. Calidad vs precio: la variable clave de la nueva década
La evolución histórica demuestra que el principal cambio no es que el consumidor haya dejado de valorar la Calidad, sino que las circunstancias económicas lo han forzado a cambiar el orden de prioridades.
Antes (en 2016), la pregunta principal era ¿qué quiero comprar? y la respuesta: calidad. Ahora (en 2025), la pregunta principal es ¿qué me puedo permitir comprar? y la respuesta: el precio.
Debemos de seguir esforzándonos en mantener los altos niveles de calidad alcanzados en la última década.
7. La utilización del comercio online ya no es una casualidad, sino un fenómeno estructural
A pesar de la corrección a la baja en los últimos años, el porcentaje de usuarios activos se ha incrementado desde 2016. Esta tendencia a largo plazo es irreversible. La volatilidad reciente sugiere que el eCommerce reacciona mucho más rápido a los cambios externos (crisis, pandemias, inflación) que el canal físico, actuando como una válvula de escape y conveniencia para el consumidor moderno.
La digitalización en la sociedad es un hecho objetivo, formar al consumidor en las ventajas del correcto uso de las tecnologías, debe ser una prioridad en los próximos años.
8. El etiquetado sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes en materia de alimentación
Si bien el consumidor aumenta su interés por obtener información a través de la etiqueta, la falta de visibilidad, claridad y relevancia ponen de manifiesto la necesidad de sustanciales mejoras en esta materia con la implicación del conjunto de la cadena de valor alimentaria.
Es evidente la necesidad de mejorar el etiquetado, invertir en formación y ayudarnos en la potencialidad de las tecnologías.
9. El fenómeno del desperdicio alimentario ha estado presente y preocupa a los consumidores a lo largo de la última década
Nuestra encuesta ha venido constando como a lo largo de los años, como la batalla de los consumidores contra el desperdicio alimentario se ha mantenido como una constante, si bien la intensidad de las actuaciones acometidas para este fin no ha sido la misma a lo largo de los años: una mejor planificación de las compras, aprovechar mejor los alimentos, ajustar la cantidad de las raciones o no hacer nada. Podemos hablar de una importante falta de conciencia o información, y en algunos casos por el desconocimiento del impacto de este fenómeno.
Es evidente que el desperdicio alimentario es responsabilidad de todos los agentes de la cadena agroalimentaria, y por ello debemos adoptar d cisiones conjuntas que aumenten la acción y la concienciación.
10. La valoración que los consumidores hacen de la responsabilidad social empresarial (RSE) ha estado presente a lo largo de los años en nuestra encuesta, aunque ha ido perdiendo fuerza
Desde la MPAC creemos que los datos de nuestra encuesta nos apuntan a que en los últimos años se está priorizando otros factores como compra y accesibilidad y que, en un contexto de inflación, crisis económica o post-pandemia, con el correspondiente aumento del coste de la vida, el consumidor tiende a priorizar el ahorro sobre los valores éticos.
El consumidor debe estar lo suficientemente formado e informado para que la RSE sea cada vez un criterio mas importante en sus decisiones de compra.
11. La sostenibilidad tiene un coste que el consumidor no esta dispuesto asumir.
Constatamos que el coste pone freno al interés que tienen los consumidores por la sostenibilidad.
Aunque en la rutina de los hábitos de los consumidores como es el reciclado, encontramos un interés en progresar en términos de sostenibilidad, los esfuerzos y el coste económico que le supone al consumidor, le desmotiva para acelerar este proceso.
Debemos concienciar a los consumidores, a través de acción conjuntas de todos los agentes, incluyendo la administración, que el verdadero coste será no ser sostenible.

