El consumidor flexitariano, un nuevo perfil que se replantea la cesta de la compra
Ni vegetariano ni vegano, pero tampoco un omnívoro convencional. El flexitariano ocupa un espacio intermedio cada vez más poblado: reduce el consumo de carne y pescado de forma voluntaria, sin renunciar a ellos por completo, y equilibra su dieta con más legumbres, verduras y proteína vegetal. Actualmente, los datos apuntan a que, lejos de ser una moda pasajera, se trata de uno de los perfiles de consumo más relevantes para la industria alimentaria europea.
De hecho, los datos oficiales confirman que el flexitarianismo ha dejado de ser un nicho. Según el Informe del Consumo Alimentario en España de 2023, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el 43,5% de las personas mayores de cinco años en España pueden considerarse flexitarianas, es decir, realizan una ingesta de proteína cárnica inferior a seis veces por semana. Y el porcentaje ha crecido respecto a 2022. Los perfiles vegetarianos y veganos, aunque más reducidos, también se han incrementado. El propio informe del MAPA subraya que este avance se produce en detrimento del consumidor plenamente omnívoro, cuyo peso relativo se reduce año tras año.
Hay que tener en cuenta que la definición de flexitariano varía según la fuente, lo que explica que distintos estudios arrojen cifras diferentes. Algunas encuestas de mercado sitúan la proporción de españoles que se autoidentifican con esta etiqueta en torno al 22-30%, un dato coherente con la tendencia de fondo detectada por la estadística pública: cada vez más personas moderan su consumo de carne sin abandonarlo del todo.
Tendencia europea
El fenómeno no es únicamente español. El proyecto Smart Protein, financiado por el programa Horizonte 2020 de la Unión Europea y desarrollado junto a universidades como Copenhague y Gante, ha realizado sucesivas encuestas paneuropeas sobre hábitos alimentarios en países como Alemania, Francia, Italia, Polonia o España. Sus resultados más recientes indican que en torno a una cuarta parte de los consumidores europeos se identifica como flexitariano, con variaciones notables entre países: Alemania destaca por su mayor proporción, mientras que países del este y del norte de Europa presentan cifras más moderadas.
Estos estudios coinciden en señalar la salud como el principal motivo declarado para reducir el consumo de carne, por delante de las razones medioambientales o el bienestar animal, aunque estas últimas también pesan de forma significativa en la decisión de compra.
Quién es y qué busca
Más allá de las cifras, distintas encuestas de mercado -como las realizadas por organizaciones especializadas en alimentación de origen vegetal- describen al flexitariano como un consumidor interesado por encima de la media en la sostenibilidad, el cambio climático y la trazabilidad de los productos que compra. También presta más atención al etiquetado, a la información nutricional y al origen de los alimentos, y valora especialmente las etiquetas de calidad certificada.
En cuanto al patrón sociodemográfico, y frente a la idea extendida de que la alimentación basada en vegetales es un fenómeno exclusivamente urbano, algunos estudios de mercado señalan una presencia proporcionalmente relevante de flexitarianos en entornos rurales, en un contexto en el que solo una minoría de la población española reside en municipios rurales.
Su relevancia para el mercado
Para la industria alimentaria, el auge del consumidor flexitariano tiene implicaciones muy concretas. No compra pensando en una restricción total, sino en una sustitución ocasional y en la ampliación de su repertorio de platos: quiere encontrar alternativas vegetales convincentes junto a los productos cárnicos y lácteos habituales. Las encuestas europeas del proyecto Smart Protein detectan además una demanda insatisfecha en ese sentido: una parte relevante de los flexitarianos encuestados considera que aún faltan opciones vegetales suficientes en supermercados y restaurantes, y que su precio sigue siendo un freno importante para consolidar el cambio de hábito.
El MAPA enmarca esta transformación dentro de una evolución más amplia del consumo alimentario en los hogares españoles, marcada también por un menor tiempo dedicado a cocinar y un mayor recurso a los platos preparados. En ese sentido, se puede inferir que el flexitarianismo no es un movimiento aislado, sino una pieza de un cambio más profundo en la forma en que compramos y cocinamos.
Tendencia en evolución
Con datos oficiales que sitúan a más del 40% de la población española en esta categoría y encuestas europeas que confirman una dinámica similar en buena parte del territorio, el flexitarianismo ha pasado de ser una curiosidad sociológica a un factor estructural del mercado alimentario. Entender sus motivaciones -salud, sostenibilidad, curiosidad gastronómica- será clave tanto para las políticas públicas de alimentación como para las empresas que compiten por un consumidor cada vez más informado y exigente.


