Eugenia Garrigues (Tyrius): “Las amas de casa y las personas consumidoras deben seguir siendo una prioridad legislativa”

19/05/2026

DIÁLOGOS MPAC CON ASOCIACIONES DE CONSUMIDORES.

 

La Asociación de Amas de Casa y Consumidores TYRIUS es una organización sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, de carácter autonómica, fundada en el año 1967.  Tiene como misión la formación y la defensa de las personas consumidoras, así como de las mujeres ama de casa desde diversos frentes, siendo la protección y la defensa de los derechos de las mujeres y de los consumidores en general uno de los objetivos principales de la asociación. 

Su presidenta, Eugenia Garrigues, detalla los principales objetivos y retos de la asociación para este año, así como los aspectos de la actualidad que más les ocupan.

 

¿Cuáles son los principales objetivos de Tyrius este año? 

En primer lugar, la transformación digital, eliminar la brecha digital mediante formación en trámites online y uso seguro de tecnología. También fomentar el consumo sostenible, mediante el impulso y promoción de la economía de proximidad, el reciclaje creativo, el ahorro energético en el hogar, y el desperdicio alimentario. El tercero se centra en el bienestar y la salud, combatiendo la soledad no deseada y promoviendo el envejecimiento activo con programas de salud mental. También queremos atraer a nuevas generaciones de mujeres adaptando las actividades a la conciliación actual y proteger al consumidor, reforzando la defensa jurídica frente a fraudes digitales y abusos en suministros básicos.

¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrentan?

Nos enfrentamos a varios retos. Uno muy importante es la adaptación tecnológica, y lograr que todas las personas asociadas, independientemente de su edad, se manejen con autonomía en un mundo donde todo es digital. También, de nuevo, combatir la soledad, identificando y llegado a las mujeres que sufren aislamiento en sus casas para integrarlas en la vida comunitaria. También la financiación y recursos, para obtener fondos y subvenciones en un contexto económico competitivo para seguir ofreciendo servicios gratuitos o de bajo coste. Y por último, mantener la voz de la asociación en las agendas públicas para que las necesidades de las amas de casa y de las personas consumidoras en general sigan siendo una prioridad legislativa.

¿Qué aspectos de la actualidad son los que más le preocupan con relación con el área de trabajo de su asociación?

Nos preocupa el impacto de la inflación en la cesta de la compra, ya que el aumento sostenido de los precios de alimentos básicos y suministros (luz, agua, gas) afecta directamente a la economía doméstica. También la vulnerabilidad ante la ciberdelincuencia, porque la creciente sofisticación de las estafas digitales y el phishing tienen como objetivo principal a los consumidores y, especialmente, a las personas mayores. También nos ocupa la dificultad de acceso a servicios presenciales, es decir, la deshumanización de la atención al cliente (bancos, sanidad y administración pública) que obliga a usar canales digitales, excluyendo a quienes no dominan la tecnología. Y también estamos muy atentos al aumento de casos de ansiedad y depresión derivados de la soledad crónica y la falta de redes de apoyo vecinal en las grandes ciudades.

¿Hasta qué punto el precio condiciona una dieta saludable? 

El precio es el factor determinante. En 2026, aunque existe mayor conciencia nutricional, el presupuesto familiar actúa como un filtro: las familias priorizan saciarse frente a nutrirse. Si el presupuesto es ajustado, se sacrifican los productos frescos (fruta, pescado, carne magra) por opciones procesadas más económicas.

¿Comer saludable es más caro hoy en día?

Sí, en términos relativos. Aunque las legumbres y cereales siguen siendo económicos, el coste de los productos frescos y de temporada ha subido por encima de la media debido a costes de producción y logística. La realidad es que resulta más barato consumir  productos industriales que en una ensalada completa o pescado fresco.

¿Existe relación entre menor presupuesto y peor calidad nutricional? 

Directamente proporcional. Existe una brecha nutricional clara: las rentas bajas suelen consumir más hidratos de carbono, azúcares y grasas saturadas porque son más accesibles y saciantes. Esto deriva en mayores tasas de obesidad en los colectivos más vulnerables.

¿Existe la percepción de que comer saludable es caro? ¿Está justificada?

Esa percepción existe y está muy arraigada. Muchos consumidores asumen que lo sano es un lujo. Y está parcialmente justificada. Si bien es cierto que cocinar desde cero con productos básicos (legumbres, huevos, verduras de temporada) puede ser económico, requiere dos recursos que escasean en 2026: tiempo para cocinar y conocimientos culinarios. Sin tiempo, la opción saludable y rápida es prohibitiva comparada con la ultra procesada y rápida. El precio, es pues, la principal barrera para una dieta equilibrada. Existe una brecha real donde comer mal es más barato y rápido, lo que condena a las rentas bajas a una peor salud nutricional. La percepción de que comer sano es caro está justificada no solo por el ticket de la compra, sino por el coste añadido del tiempo necesario para su preparación.