La economía circular y el reciclaje en la industria alimentaria  

06/06/2024

Cualquier actividad genera residuos y, por supuesto, las industrias de cualquier tipo lo hacen en mayor o menor medida. La alimentaria no es una excepción y sus  diferentes etapas, desde la producción agrícola hasta el envasado y la distribución, conllevan la generación de desechos. Este escenario supone desde hace varias  décadas un desafío y una necesidad constante: la utilización del reciclaje como  herramienta fundamental para asegurar la sostenibilidad de una industria vital para  la economía de cualquier país. Además, en este tipo de ámbito, el alimentario, es  necesario tener muy en cuenta la seguridad porque ofrece productos para el  consumo humano. 

Hoy por hoy, la introducción de prácticas de producción sostenibles y de una agricultura regenerativa es bastante habitual. Con esto se protege la biodiversidad y se pueden reducir significativamente los residuos agrícolas. Un primer paso fundamental en la cadena agroalimentaria, puesto que la idea es general la menor basura posible. Por tanto, la gestión de residuos es un pilar básico, sin perder nunca de vista la maximización de los  recursos disponibles. Actualmente, en muchos casos es viable la recuperación de desechos para su uso en otros procesos, generando así un valor añadido. Entre los sistemas más conocidos, por ejemplo, está el compostaje orgánico. En este sentido la tecnología, y más recientemente la inteligencia artificial, se han convertido en las grandes aliadas para una industria en continua evolución.

Entre las innovaciones, cobra especial importancia la biotecnología por su capacidad para convertir residuos en bioplásticos, biocombustibles y biofertilizantes. La digestión anaeróbica y la pirolisis están siendo utilizadas para convertir los residuos orgánicos en biogás, fertilizantes orgánicos y biochar (una forma de carbón creado calentando biomasa), entre otros. También el envasado o packaging es uno de los procesos más dinámicos de la industria alimentaria, con el principal objetivo de prologar la vida útil del alimento y reducir lo máximo posible el desperdicio generado  en la cadena de suministro. Actualmente se desarrollan embalajes inteligentes que pueden indicar la frescura de los alimentos y reducir el desperdicio. Asimismo, los  materiales biodegradables y compostables están reemplazando a los plásticos tradicionales. 

Doble beneficio 

Como es lógico, la economía circular en la industria alimentaria no solo arroja un saldo positivo en lo que respecta a la protección y conservación del medio ambiente, sino que también ha de generar una ventaja económica. El ahorro es evidente en procesos como los de la necesaria eliminación de los residuos, pero también se puede traducir en ganancia cuando el deshecho se transforma en subproducto reciclado y pasa a ser un bien más en el mercado.  

Incluso, podríamos añadir una tercera pata llamada reputación corporativa. El compromiso de todos los eslabones de la cadena alimentaria para minimizar su  impacto en su entorno, en la naturaleza y, en definitiva, en el hábitat del ser humano, está en la actualidad fuertemente enraizado en los códigos de responsabilidad social empresarial y ética (RSE) de la industria alimentaria. Los consumidores apuestan  claramente por la sostenibilidad y valoran muy positivamente el compromiso en esta dirección de las empresas relacionadas con la alimentación. De hecho, así se refleja por ejemplo en la última encuesta elaborada por la Mesa de Participación y Asociaciones de Consumidores. El 50% de las personas consumidoras interpeladas aseguraron que la RSE es un valor importante a la hora de elegir un producto alimentario. Además, el 26% premia el compromiso del fabricante o distribuidor con el medio ambiente.  

Lo dicta la norma

En España la legislación en materia de gestión ambiental para las industrias es amplia y regula diversos aspectos en los que la actividad de las mismas puede impactar en su entorno. Desde la gestión de los residuos y la contaminación de suelos, agua y  aire, pasando por el principio de quien contamina paga en cuanto a la responsabilidad ambiental, hasta la protección de la atmosfera y los límites de sus actuaciones en áreas de acción protegidas. 

Y una manera comúnmente aceptada y muy extendida entre las empresas para demostrar su RSE en esta materia es acogerse a las certificaciones de gestión  ambiental. Una de las más habituales es la norma ISO 14001, que, a través de la empresa auditora y certificadora AENOR, avala que las compañías cumplen con las exigencias ambientales impuestas por las distintas administraciones y por la sociedad en general. 

Camino de futuro  

Aunque los avances son rápidos y continuos, indudablemente, la industria, la alimentaria y las demás tienen todavía un largo trecho por recorrer hacia la eficiencia  y la actividad plena sostenible. Hay, por ejemplo, carencias en las infraestructuras para la gestión de residuos. Las regulaciones y políticas de la Administración necesitan revisiones continuas y adaptaciones a los diferentes tipos de actividad industrial. Es imprescindible seguir educando a empresa y sociedad sobre la importancia del reciclaje y la reutilización de recursos. Incluso hay casos de éxito en otros países de la Unión Europea en los que se ofrecen incentivos económicos para facilitar la implantación de una cultura sostenible y aumentar la concienciación y la sensibilización del público sobre este asunto. Es fundamental que empresas, gobiernos y sociedad trabajen juntos para aprovechar al máximo el potencial del  reciclaje en la industria alimentaria. Y, de momento, el futuro se agarra con vehemencia a la innovación y a los avances tecnológicos.