La obesidad, un problema más allá de la estética: de las ideas culpabilizadoras a las ‘dietas milagro’

07/12/2025

Diversas instituciones en España aprovechan la jornada del 12 de noviembre para hacer una importante labor de concienciación y recordar que la obesidad es un problema que va mucho más allá de la estética. Hablamos de una enfermedad compleja, con impacto sanitario, social y económico, que requiere tanto de la acción individual como de soluciones colectivas. Pasos fundamentales para abordarla son la divulgación de datos reales, desmontar mitos y aportar claves para llevar una alimentación saludable sin que el gasto se dispare.

 

La obesidad en España

Los datos más recientes de la Encuesta de Salud de 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados en 2025, indican que el 15,2% de la población adulta en España tiene obesidad y el 39,8% padece sobrepeso, lo que supone que un 55% tiene exceso de peso. En niños de 2 a 17 años, el exceso de peso afecta al 23,3% y la obesidad a un 7,1%. España es el sexto país de la UE con mayor exceso de peso y el séptimo en obesidad. Los datos reflejan una prevalencia mayor en hombres adultos, prevalencia que es más elevada en algunas comunidades autónomas, como Andalucía y Galicia. Por su parte, Baleares, Catalunya y el País Vasco tienen las tasas más bajas, aunque estos datos son anteriores a 2024.

Otro estudio de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) corrobora estas cifras y añade que las mismas revelan desigualdades claras según nivel educativo, ingresos o zona de residencia, lo que evidencia que la obesidad no afecta por igual a toda la población. La AESAN también pone el acento en la situación de niños y adolescentes: aproximadamente uno de cada tres menores en España de entre 2 y 17 años tiene exceso de peso, y alrededor de uno de cada diez presenta obesidad infantil.

 

 

Comer sano sin vaciar la cartera

“Lo saludable es caro”. Esta es una de las ideas preconcebidas más difundidas en nuestra sociedad. Sin embargo, cada vez más voces tratan de concienciar sobre que la alimentación equilibrada no tiene por qué estar reñida con el ahorro. Existen estrategias sencillas y realistas para mejorar nuestros hábitos sin desequilibrar el presupuesto. Priorizar alimentos básicos y nutritivos como verduras, legumbres, frutas, cereales integrales, o proteínas asequibles como huevos, pollo o pescado enlatado, puede convertir la compra en una opción saludable y económica. Las legumbres secas, por ejemplo, rinden mucho por muy poco.

La planificación semanal de los menús ayuda a controlar el gasto, evitar el desperdicio y reducir la dependencia de los ultraprocesados. Cocinar en casa permite ajustar las raciones y conocer exactamente qué estamos comiendo. Aprender a leer las etiquetas nutricionales también es clave: basta con fijarse en el tamaño de la ración, el azúcar añadido y las grasas saturadas. Comparar productos similares suele ser suficiente para elegir de manera más inteligente.

A todo esto, le podemos sumar la sabiduría de nuestras abuelas: consumir productos de temporada y de proximidad. Suelen ser más económicos y sabrosos. Y, por último, redescubrir técnicas de cocina simples, como hervir, cocer al vapor u hornear, facilita preparar comidas saludables sin necesidad de grandes inversiones de tiempo o dinero.

 

Lo que dice la ciencia

Durante muchos años la obesidad ha estado rodeada de ideas erróneas y, en muchos casos, culpabilizadoras. Una de las más extendidas es la de que «si engordo, es únicamente culpa mía». Sin embargo, la evidencia muestra que la obesidad es una condición influida por factores genéticos, sociales, ambientales y conductuales. Reconocer esta complejidad permite abordar la enfermedad de una manera más sana y avanzar hacia soluciones más justas.

Otro grave peligro son las dietas milagro como vía rápida para perder peso, pero está reiteradamente demostrado que las dietas muy restrictivas rara vez funcionan a largo plazo. Los hábitos sostenibles, como mejorar la compra, planificar, cocinar en casa y realizar actividad física, tienen un impacto mucho mayor. También es frecuente pensar que el peso determina por completo la salud. La Estrategia de Salud Pública 2022 del Ministerio de Sanidad subraya que el bienestar depende también del sueño, la salud mental, la actividad física y el acceso a recursos saludables, por lo que la báscula no cuenta toda la historia.

«Solo los ricos comen sano». Es cierto que el entorno socioeconómico influye en las opciones disponibles, pero comer bien puede ser accesible con una planificación adecuada. Cabe señalar que esta creencia revela una verdad incómoda: muchas personas viven en zonas donde resulta difícil acceder a alimentos frescos y saludables, lo que demuestra la necesidad de políticas públicas que reduzcan las desigualdades.

Finalmente, la idea de que la obesidad es un problema meramente estético es especialmente dañina. Se trata de una enfermedad con consecuencias sanitarias importantes, como un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes o ciertos tipos de cáncer, por lo que su abordaje es una prioridad para el sistema de salud.

 

 

Un desafío compartido

Las jornadas de concienciación sobre la obesidad son necesarias para recordar que este es un asunto que requiere un enfoque global. Las políticas públicas pueden facilitar el acceso a alimentos saludables, mejorar los menús escolares o regular la publicidad de productos ultraprocesados. Las comunidades pueden promover iniciativas locales como talleres de cocina, actividades físicas o huertos urbanos. La sociedad puede avanzar eliminando estigmas, informando con rigor y apoyando a quienes viven con esta enfermedad. Y el sistema sanitario debe garantizar una atención integral y multidisciplinar.

 

Mirar hacia adelante

En resumen, los datos muestran que la obesidad es uno de los grandes retos de salud pública en España. Pero también revelan que hay margen para el cambio. Con información fiable, con hábitos asequibles y con políticas bien orientadas, podemos mejorar el bienestar colectivo sin que comer sano sea un lujo. La invitación es clara: reflexionar, actuar y acompañar. Tal vez el primer paso sea tan sencillo como planificar la compra, caminar un poco más o hablar del tema con naturalidad. Cuidarnos es un acto compartido, y cada gesto suma.