MPAC y ASEDAS debaten y analizan la actual tensión inflacionista en la cadena alimentaria 

13/06/2022
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Madrid, 26 de mayo de 2022. Atendiendo la invitación cursada por la Mesa de Participación de Asociaciones de Consumidores (MPAC), Felipe Medina, en su condición de Secretario General Técnico de ASEDAS, ha participado en la sesión de este mes de mayo, para abordar conjuntamente el debate sobre las actuales tensiones inflacionistas que sufre la cadena de valor agroalimentaria. 

En su intervención, Felipe Medina ha puesto de manifiesto la preocupación con la que el sector de la distribución alimentaria vive este momento, intentando impulsar iniciativas y medidas para poner freno, en la medida de sus posibilidades, a esta tensión de subida generalizada en los precios.  

A dicho respecto, Felipe Medina ha compartido con la MPAC algunas de las propuestas que ASEDAS está poniendo sobre la mesa para aliviar estas tensiones con sugerencias tales como la revisión de la fiscalidad de algunos alimentos, aliviar a la distribución de algunos de los sobrecostes normativos y fiscales añadidos que en la actualidad soporta o que está previsto soportar con la puesta en marcha de nuevas normas o la mejora en las garantías en los transportes al sector. El corolario de todo ello es la necesidad de reflexionar sobre la implantación de medidas de reconocimiento de la distribución alimentaria como “sector esencial”, como se ha puesto sobradamente de manifiesto en la reciente pandemia o en momentos críticos como los que vivimos. 

El encarecimiento de la energía, los combustibles y las materias primas han provocado una situación nunca vivida hasta ahora que afecta a todo el  sector agroalimentario, desde el productor al consumidor. El enorme acelerador de estos problemas que supone la guerra de Ucrania coincide, además, con otros frentes abiertos de carácter regulatorio, social y económico que ya amenazaban con incrementar los costes y las dificultades para el normal funcionamiento de la cadena alimentaria.  

Esta crisis multifactorial hace que el compromiso de garantizar el abastecimiento a la sociedad española en condiciones de seguridad, variedad, calidad y a los menores precios posibles se esté viendo sometido a enormes tensiones que escapan del control de las empresas, valoración que comparten las asociaciones de consumidores presentes. En este momento, señala el secretario general técnico de ASEDAS, no todo depende de los esfuerzos de los empresarios y de sus trabajadores.  

Propuestas

En primer lugar, es necesario proveer a las empresas de distribución alimentaria de acceso a la energía a costes sostenibles. El coste energético es, junto con el de personal, el que mayor impacto tiene en las cuentas de resultados de estas compañías que, además y al contario que la industria, no pueden dejar de funcionar ni una sola hora ni un solo día. El crecimiento de los precios de la electricidad está comprometiendo la viabilidad de los negocios, especialmente de las cadenas más pequeñas. Por lo tanto, es urgente que se desarrolle para la distribución alimentaria el concepto de  «gran consumidor esencial» y que se le permita acceder a las ventajas de las que disfrutan otros sectores de los denominados electrointensivos. 

En segundo lugar, es necesario contar con un transporte seguro, eficiente y garantizado. Tras la grave experiencia de la huelga de transportistas de marzo, se ha hecho urgente garantizar el transporte para la cadena alimentaria -como sector esencial que es- haciendo compatible el abastecimiento a la población con los derechos de paro patronal, huelga o manifestación. Por supuesto, también son urgentes medidas que palíen el incremento del coste de los carburantes a largo plazo y otras que mejoren la situación de los transportistas. Todo ello desde un diálogo en el que la  distribución alimentaria, como parte implicada, debería participar. 

En tercer lugar, es necesario facilitar el acceso a las materias primas. La situación creada por la guerra ha obligado a buscar alternativas con algunos  proveedores, pero debemos flexibilizar las medidas regulatorias para garantizar la disponibilidad de los productos afectados. Esto solo puede ser  posible si nos anticipamos en materias relacionadas, por ejemplo, con el etiquetado. Deberíamos contar con un marco jurídico ágil en relación con estas cuestiones, así como acomodar el calendario de los estándares de sostenibilidad de productos agrícolas que, sin renunciar a ellos, permita  atender la actual situación de emergencia.

En cuarto lugar, es necesaria la reducción inmediata de impuestos y del coste regulatorio. La máxima preocupación de la distribución alimentaria es el impacto del IPC en el consumidor. El sector lleva meses soportando parte del incremento de los costes a costa de sacrificar parte de sus márgenes y mejorar sus procesos, pues la presión inflacionista en su cadena de valor es enorme. Pero este esfuerzo no puede ser unilateral: para atender a las necesidades de la población que sufre los efectos de esta crisis es precisa una rebaja del IVA en productos de alimentación y gran consumo; para ayudar a las empresas, es imperioso el aplazamiento de medidas fiscales y no fiscales -pero muy gravosas-, relacionadas especialmente con el medio ambiente. 

Por último, es necesaria la regulación del carácter esencial del sector de la distribución alimentaria. La toma de decisiones rápidas y arriesgadas para  atender a la demanda en situaciones excepcionales requiere protección legal. Solo así es posible asegurar el abastecimiento de productos de gran consumo. Legalmente ya fue posible durante la pandemia. 

Análisis de la cadena alimentaria

Desde la MPAC se ha analizado también el funcionamiento de la cadena agroalimentaria, valorando todos sus miembros las diferentes actuaciones realizadas desde iniciativas oficiales de carácter nacionales y en diversos sectores agroalimentarios, tanto para generar datos, como para analizar sus respectivas cadenas de valor. Son estas unas actuaciones que se extienden ya desde hace años a otros muchos sectores de la agroalimentación, para conocer, analizar y actuar en todo lo que acontece en esa cadena que se forma desde «el campo a la mesa». Estas actuaciones han permitido en los últimos tiempos ver de dónde veníamos, manejar buena información para identificar posibles ineficiencias en la cadena y eliminar ruidos sin fundamento en los medios de comunicación. Probablemente deban ser también tenidos muy en cuenta en los difíciles momentos que se viven en el sector de la alimentación por la alarmante tensión inflacionista que se constata, con alzas de precios generalizadas en muchos productos.  

Tras conocer estas propuestas, en el debate abierto a posteriori se ha llegado incluso a ver la convergencia de algunas de ellas con los intereses de los consumidores, en línea con esa preocupación compartida de aliviar y frenar el incremento de precios en la cesta de la compra, y con la tranquilidad de que el abastecimiento de alimentos está garantizado,  máxime si finalmente se considera esa «esencialidad» del sector. 

Adicionalmente, el conjunto de los participantes en el debate ha coincidido en concluir con la pertinencia de mantener un canal estable, periódico y  fluido de comunicación entre la MPAC y ASEDAS (que representa el 75% del mercado de distribución alimentaria moderna) en beneficio del buen funcionamiento del mercado de la alimentación y del interés general de los  consumidores y usuarios.